tiempo

¿Qué es el tiempo? ¿Va siempre al mismo ritmo? ¿Por qué somos esclavos del reloj? ¿Hay un principio o un final de los tiempos? El concepto de tiempo, ligado a la sensación del mismo, ha cobrado una importancia gigantesca en nuestras vidas. La noción de su presencia nos distingue, en primer lugar, de otros mamíferos y seres vivos que experimentan el tiempo sin hacerlo consciente.

El tiempo es una constante involucrada en cualquiera de las ciencias y prácticas humanas porque está implícito en la lectura observacional y así es como, aun pasando desapercibido, conforma todo proceso, toda experiencia y rige la fenomenología de lo físico y las impalpables regiones del mundo psicológico.

El tiempo físico

Se conoce como tiempo físico aquel que se intuye por dos vías experimentales:
La primera es la expansión del universo descubierta por Edwin Hubble. Indica, ciertamente, una diferencia entre el antes y el después ya que en tiempos anteriores la distribución de la materia estaría menos disgregada en el espacio-tiempo. Así, todo otro movimiento percibido forma parte indisoluble del “movimiento madre”, gran generador de sensación de tiempo: la expansión universal que se dice siguió al Big Bang .

La segunda vía hacia una apreciación del tiempo físico es la consecuencia de la segunda ley de la termodinámica que se refiere al grado de desorden creciente que afecta a todos los sistemas materiales.

Esto se ejemplifica más o menos así: Será posible hacer una tortilla pero imposible retroceder los pasos hasta dejar todo como antes estaba, los huevos sin romperse, las claras y yemas sin cocinarse, etc. Los procesos son irreversibles precisamente por esta propiedad termodinámica del universo explicada por Ludwin Boltzmann .

El envejecimiento es la victoria de la entropía universal sobre la resistencia al cambio operada por los organismos vivos. El azar es quizá la encarnación de este limitante al hermético sentido del orden humano. La dificultad de predicciones entre un caos de posibilidades en el futuro conducen a los físicos al estudio de probabilidades más que al de certezas. La prudencia científica de hoy aconseja hablar de sistemas abiertos, entender el mundo desde un marco de relaciones recíprocas y antes que certezas hablar de probabilidades de ser o no ser, de estar o no estar…

La caída del concepto de tiempo absoluto

Tradicionalmente se entendía el tiempo como transcurso regular que no variaría jamás. Se entendía como un ritmo permanente que fluía de pasado a futuro y que afectaba a todos por igual.

Vimos que el tiempo físico está entonces relacionado con la pérdida de energía progresiva en un trabajo. Es decir que, es la energía útil la que disminuye mientras que la energía total no se ve afectada y esto mantiene intacta la ley de conservación de la energía . Pese a esto la entropía se ve como sinónimo de un incremento del caos y una falta de propósito que echa por tierra el fundamento de las teorías evolucionistas.

Tal vez uno de los primeros en abordar la relatividad del tiempo, después de Einstein, fue el astrofísico inglés, Sir Eddington, que se explayó en el tema mediante su ensayo científico denominado La flecha del tiempo.

Las inconsistencias que despertaron las mediciones de Michelson-Morley al intentar medir las variaciones de la velocidad de la luz a través del supuesto éter quedaron resueltas por Albert Einstein al “desterrar” el concepto de éter de la teoría científica y comprender que el tiempo no es un flujo constante sino que depende del estado cinético del observador, es decir, de la velocidad a que el observador se está moviendo.

Esto fue, en la física y en todo el espectro científico, un detonante y además algo que parece difícil de enseñar en los centros educativos de hoy. La nueva noción de un tiempo que puede dilatarse o contraerse en una relación ligada intrínsecamente al espacio, es decir, conformando el tejido espaciotemporal.

Hay, empero, otra cuestión que luego se hace ya casi insoportable para la física clásica y divinamente coherente con la intuición mística: También está implicada en el proceso, de manera inseparable a la realidad, la conciencia observadora .

El tiempo psicológico

Los esfuerzos de los físicos en separar el mundo objetivo del mundo subjetivo se han desmoronado como una Torre de Babel porque, hoy parece un capricho tonto, su obstinación en no admitir la incidencia del que mide los experimentos provocó la aparición de inconsistencias e incertidumbres que solo se explicaron desde esta perspectiva:

El aparato observador y sus circunstancias condicionan el resultado de su propia observación.
Pero en ámbito más cotidiano, el tiempo se deja sentir en la experiencia interna como un proceso de información en el que interviene la memoria y la lógica comparativa. Pero también la intensidad del momento puede enlentecer o apurar la sensación de vivir un lapso objetivizado en el reloj. En un sala de espera, el tiempo se hace eterno, tortura a los ansiosos, mientras que, cuando se está disfrutando a pleno, deseando no termine jamás, como un castigo divino, se nos va la hora y captamos lo efímero de lo bello.

El cerebro reconoce un recuerdo real con la misma intensidad que un recuerdo soñado, no lo diferencia. Como la información se guarda con extensiones de tiempo puede soñarse un año en 10 minutos y se guardará como un año de experiencia quizá cerca de un archivo vacío de 10 minutos de sueño. La virtualidad de estas realidades vividas o recordadas, a los efectos de diferenciar lo real de lo imaginario, tiene el mismo grado de verdad, pertenecen al conjunto de la experiencia.

Sí, físicamente el tiempo fluctúa del presenta al pasado en lo que al comportamiento de las partículas subatómicas se refiere, a nivel cerebral humano se han constatado distorsiones de la misma índole. Una señal de dolor, al quemarse un dedo en llama de una vela, un sujeto en pleno experimento, lo retiró antes de ser emitida la señal de “sacar el dedo” y eso sólo pudo ocurrir en tanto las señales viajan tan de prisa que generan las mismas paradojas que en el mundo relativista de lo viaja a velocidades cercanas a la luz.

Conclusión y disolución del tiempo

Finalmente el tiempo en nuestra sociedad y circunstancias está limitado al aprovechamiento del tiempo. También, como se ha dicho, forma parte de toda medición en las aulas de estudio de la mecánica de los cuerpos y de las reacciones químicas y en las normas de producción y finanzas.

Tiempos de inversión, de amortización, de interés; tiempo de trabajo, tiempo libre, en fin…desplazamiento en función de tiempo, tiempo de reacción, falta de tiempo, porque “el tiempo es oro” y “tengo el tiempo contado”.

San Agustín dijo que antes de la creación no había tiempo y la ciencia habla de un comienzo existencial hace unos 15 mil millones de años, pero antes de eso, pudo haber otra explosión, los astrofísicos se abismas en un concepto llamado singularidad. Fallan allí las leyes de la física tal como las conocemos.

¿No será ya la información sin espacio, la conciencia del ser, la que se puede guardar como señales ajenas al espacio y al tiempo, como letras de un libro cuya aparición la determina la velocidad de lectura?

Cosificamos el tiempo y lo monetarizamos porque el sistema nos ha llevado a eso, pero pocas veces entendemos que hay fenómenos de “falsos recuerdos”, dejavú, retrocesos o adelantos, pequeñas máquinas del tiempo, abriéndose y cerrándose por todos lados, trayendo a la concreción partículas virtuales asomadas de un fondo adimensional .

Somos entonces partícipes de un milagro, una maravilla, una imposible percepción de lo que parece haber. Los límites de una conciencia colectiva identificada en cada uno genera la sensación de un mundo lleno de incertidumbres, pero en esas sombras platónicas donde a veces creemos en la verdad como algo tangible y medible en tiempo, descubrimos un componente atemporal, subyacente a la inmediatez de los sentidos donde el tiempo y el espacio es una idea, una suposición, un recurso esencial en la recuperación de datos adimensionales.

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