Parlamento británico

La suspensión del Parlamento Británico por iniciativa del primer ministro Boris Johnson ha despertado intensos comentarios en la prensa mundial. Una medida de este tipo, por la general, no suele causar tanta polémica porque es considerado un procedimiento estándar en el Reino Unido.

“Prorrogar” es el término utilizado en dicho país para denominar a tal medida y se emplea para describir el tiempo entre la última sesión parlamentaria y la primera sesión del nuevo calendario legislativo. Cabe destacar que nunca hubo una suspensión tan extensa como la que propone Johnson.

En casos como este, los diputados continúan su trabajo, aunque no acuden a sesiones en el Parlamento; el poder ejecutivo, por su parte, sigue funcionando normalmente. Sin embargo, esta suspensión ha sido utilizada anteriormente con fines políticos para debilitar a la oposición.

Dos prórrogas polémicas

En la historia moderna del Reino Unido, solo han existido dos prórrogas consideradas controvertidas. La primera de ellas fue luego de finalizada la Segunda Guerra Mundial en 1948 cuando el gobierno laborista de Clement Attlee prorrogó el Parlamento durante un enfrentamiento con la Cámara de los Lores debido a su propuesta de nacionalización de la industria del hierro y acero. Esta suspensión tuvo una duración de un mes.

Por aquel entonces, Attlee tenía una abrumadora mayoría de 146 escaños en el Parlamento, lo que lo diferencia de Johnson quien solo cuenta con un escaño de mayoría. Sin embargo, cuando Attlee convocó a elecciones anticipadas con la finalidad de ampliar su mayoría una vez más en 1950, perdió un apoyo considerable, lo que le permitió a Winston Churchill ser primer ministro por segunda vez.

La segunda ocasión ocurrió en 1997, cuando dos parlamentarios conservadores fueron acusados de aceptar dinero a cambio de hacer preguntas en la Cámara de los Comunes, lo que llevó al Parlamento a iniciar una investigación oficial.

El entonces primer ministro y líder del Partido Conservador, John Major, prorrogó de manera polémica el Parlamento para evitar el debate sobre el asunto. Esta prórroga duró de marzo a abril y ocasionó un cambio de gobierno en el que asumió el cargo el laboralista Tony Blair.

Otras suspensiones

Si retrocedemos años más atrás, encontraremos que las primeras prórrogas de la historia del Parlamento eran una ocasión ceremoniosa en la que participaba el rey. El canciller principal era el encargado de disolver el Parlamento de acuerdo con las instrucciones del rey o la reina, según quien estaba presente en el acto.

En 1626, el rey Carlos I disolvió el Parlamento Británico. Posteriormente, en 1831, el gobierno instó al rey a disolver el Parlamento durante la crisis de la Gran Reforma cuando la Cámara de los Comunes derrotó el Primer Proyecto de Ley de Reforma.

Entre 1837 y 1854, la reina Victoria suspendió el Parlamento, supuestamente porque le molestaba tener que ir y asistir a una ceremonia que no le agradaba. Esta fue la última vez en que un soberano prorrogó el Parlamento o dio el consentimiento real en persona.

A partir de 1855, el canciller principal leía un discurso de prórroga, preparado por el gobierno, y en 1867, el primer ministro Benjamin Disraeli introdujo la costumbre de que el canciller principal leyera el discurso de prórroga en primera persona, como si fuera la reina misma quien estuviera hablando.

Esta práctica continúa al día de hoy, aunque el discurso es leído ahora por el Presidente de la Cámara. La última vez que se suspendió el Parlamento Británico fue en mayo de 2017 cuando Theresa May intentó ampliar su mayoría convocando a elecciones el 8 de junio de 2017.