Corrupcion en el Peru - Consejo Nacional de la Magistratura
Miembros del Consejo Nacional de la Magistratura destituidos por el Congreso de la República de Perú tras el escándalo de los audios de la vergüenza.
Foto: CNM

En los últimos tiempos, cuando nuevos casos de corrupción y tráfico de influencias remecen los cimientos de la rutina nacional, como el destape realizado por IDL - Reporteros de los llamados “audios de la vergüenza” –grabaciones en las que quedaron evidenciadas una serie de conversaciones y entrevistas entre jueces y diversas autoridades nacionales; todas ellas con el fin de obtener favores y beneficios particulares–; o situaciones en donde ex presidentes se convierten automáticamente en prófugos de la justicia apenas culminan sus mandatos; e incluso indicios razonables en las que un presidente en funciones se ve forzado a dimitir al cargo por la presión ejercida por un Congreso de la Republica tan corrupto e inmoral como el mismo acusado; es cuando nos preguntamos sobre este País de las Maravillas llamado Perú: ¿desde cuándo nos volvimos tan insensibles ante el abuso de poder?

Rememorando la historia peruana y revisando algunos datos sueltos del libro “La historia de la corrupción en el Perú” de Francisco Quiroz, encontramos que el primer caso de corrupción gubernamental se inició en el año de 1850, durante el gobierno del mariscal Ramón Castilla y tuvo como protagonista principal a su sucesor en el mando, el general José Rufino Echenique.

El general Echenique

Echenique comenzó su vida militar en el ejército libertador del general San Martín y años después de proclamada la independencia se vio inmerso en las luchas por el poder frente a otros caudillos libertadores, no tanto por amor a la patria como por los beneficios que se podían obtener de esta. Echenique fue un hombre con buen olfato para los negocios, hizo su fortuna con la explotación de la caña de azúcar y pensando siempre en el futuro, contrajo matrimonio con Victoria Tristán, hija del acaudalado Pío Tristán.

Para el general, cualquier condición o vicisitud de la vida era una buena oportunidad para hacer negocios, incluso el ser peruano, pues fue uno de los muchos patriotas que exigieron recompensas e indemnizaciones por sus actos heroicos; recompensas que le fueron retribuidas con bienes expropiados, convirtiéndose así en uno de los hombres más ricos de su época.

Poder y corrupción

Cuando Echenique entra a la política, lo hace como ministro de guerra y premier del gobierno de Ramón Castilla y, en 1851, fue electo presidente del Perú gracias al apoyo del presidente saliente, en medio de unas elecciones nada claras en las que derrotó al candidato Domingo Elías.

Desde entonces, la enemistad entre Echenique y Elías se acentuó a tal punto que, una vez en el poder, el primero desconoció los contratos que Elías había suscrito con el Estado como consignatario del guano.

Por aquel entonces, el Perú disfrutaba de una etapa de buenaventura económica gracias a la explotación del guano, pero aún en este optimista contexto se dieron sucesos extraños como un sospechoso acuerdo entre Echenique y la casa Gibbs, sobornos de por medio.

Sin embargo, el caso de corrupción que pasaría a la historia como el primero de grandes proporciones estaría ligado a la consolidación de la deuda interna.
El gobierno estaba empeñado en recuperar crédito frente a los grupos económicos y para lograr su objetivo requería devolverles el dinero que habían invertido en las luchas de la independencia.

Guillermo Thorndike, en el primer tomo de su voluminosa obra “Grau”, escribe sobre este tema:
“En verdad las leyes no exigían mayor probanza, de modo que bastaban documentos o firmas de difuntos o ausentes y de testigos que hubiesen ejercido autoridad de cualquier rango o que simplemente diesen alguna certificación para que quedaran aprobados expedientes que llegaron a sumar veintitrés millones de pesos, más de cuatro millones de libras esterlinas”.

Se inicia el escándalo

Pero todas estas artimañas se estaban dando de manera secreta, como nace cualquier caso de corrupción, sea grande o pequeño. Dentro de estas negociaciones estaban Juan Crisóstomo Torrico, considerado uno de los personajes más corruptos de la historia del Perú y el propio Domingo Elías quien hizo pública la grosera estafa al Estado peruano. ¿Lo hizo por una cuestión de conciencia patriótica? No. Su acción fue guiada por un sentimiento más egoísta como el resentimiento, debido a que Crisóstomo Torrico le ganó por puesta de mano el cobro de una de estas jugosas deudas, dejándolo con las manos vacías.

La opinión publica reaccionó asqueada ante estas jugarretas de los políticos de aquel entonces, y en consecuencia, se descubrió toda una red de tráfico de vales de consolidación; se fraguaron documentos, se sobornaron funcionarios, se falsificaron firmas; deudas pequeñas se inflaron de manera escandalosa sin fundamento alguno. Domingo Elías también formó parte de esta gavilla de individuos que recibieron el nombre de los “consolidados”.

Después de tratos a escondidas y arreglos oscuros, la deuda de 5 millones de pesos de 1851, subió a 24 millones en 1852.

Sobre los implicados en este caso escribió el historiador Jorge Basadre en su libro “Historia de la República del Perú”:

Algunos aparecieron en las mesas de juego de Chorrillos haciendo apuestas ostentosas.

En 2021 se cumplirán 200 años de la República del Perú, y a pesar del crecimiento y desarrollo que se ha logrado en estas últimas décadas, los continuos tropiezos con la corrupción por parte de la casta política peruana, nos enrostran que las malas costumbres no han sido dejadas de lado a pesar del tiempo transcurrido.

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