Ponferrada, un castillo de los templarios
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Las sociedades secretas existen hoy y han existido siempre. Sin embargo, se han destacado algunas más que otras, dando una sensación de continuidad a una arquitectura social, organizada, dueña o adueñada de los poderes políticos y económicos del mundo.

Se conoce que los miembros de una sociedad secreta, desde la antigüedad, deben respetar ciertas normas, ocultar al mundo ajeno a este círculo, sus actividades y jurar ciertos preceptos.

Además de guardar silencio sobre los secretos de la “hermandad”, los miembros de la misma otorgan poderes a sus superiores y se dice que, en determinadas circunstancias, aceptarían la muerte.

Una de estas legendarias sociedades fue la legendaria Orden del Temple, fundada en el año 1119 por Hugo de Payens, junto a ocho caballeros franceses, en la ciudad de Jerusalén.

Al parecer, la Orden del Temple como tal, perduró por casi doscientos años tras sus inicios en la Primera Cruzada, cuando se instalaron en la mezquita de Al-Alqsa, el antiguo Templo de Salomón. Los Templarios fueron también llamados, por este motivo, Caballeros del Templo de Salomón habiendo sido, sin embargo, Orden de los Pobres Caballeros de Cristo su denominación original.

Los Caballeros de la Orden del templo se distinguieron, por su especial entrenamiento, a lo largo de la expansión cristiana por tierras “ocupadas por infieles”. Dichas misiones militares y religiosas se han hecho conocer como “Las Cruzadas” y estaban motivadas por la misión de recuperar Tierra Santa. Estas acciones expansivas del fervor cristiano quedaron asentadas mediante una serie de edificaciones en las costas del mediterráneo.

Aquellos que, estando dentro de la orden, no combatían ni participaban de las invasiones, articulaban lo que fue el primitivo sistema bancario: Una red de relaciones económicas en el mundo exclusivamente cristiano.

Los orígenes de la orden se remontan a la primera Cruzada, cuando a la hora del regreso, algunos cruzados decidieron quedarse a resguardar los templos y a los peregrinos cristianos que, tomados por la fe, salieran en pos de los mismos.

ImagenLos Templarios vestían un manto blanco que tenía dibujada una cruz roja y sus unidades militares se hicieron famosas por su valor y proezas.

Durante el período que la orden se mantuvo en actividad gozó de variados privilegios obtenidos gracias a los contactos políticos y las relaciones parentales de Hugo de Payens con el Conde de Champaña.

Existen un número terminado de normas para los que integran la orden. Estas disposiciones se establecieron originalmente en el Concilio de Troyes y se reunían en una lista de 75 artículos.

Las reglas que los miembros de la Orden del Temple deben respetar son muchas y gobiernan desde cuestiones de respeto mutuo hasta detalles triviales, como los días de ayuno, quienes podrán comer manjares y en función de la dieta o abstención de alimentos.

Las relaciones del la orden con la corona de Aragón le otorgaron a la mismas cuantiosas riquezas, posesiones y una enorme influencia política alrededor del año 1130.

El final de la Orden del Temple está relacionado a la creciente fuerza de Saladino en Oriente Medio, dominio bien plasmado en la Batalla de los Cuernos de Hattin, en el año 1187, en Tierra Santa.

Saladino dio allí final a la resistencia de tropas que contenían templarios y hospitalarios al mando del rey de Jerusalén. Perdieron la vida allí muchos miembros de la Orden del Temple y sufrieron también entonces la captura de su Gran Maestre: Gerald de Ridefort.

Posteriormente y gracias a las acciones de Ricardo Corazón de León se obtuvieron ciertas concesiones por parte de Salamino. Por medio de las mismas se obtuvieron la libertad de culto y peregrinaje a la ciudad de Jerusalén para los adoradores de cualquier lugar, sin importar su credo.

Las sociedades secretas siempre existieron y aun siguen existiendo y ocupando lugares de poder en nuestra sociedad. El secreto es un arma de poder que siempre ha mantenido la brecha social y el orden impuesto

Tal vez sea momento en que estas hermandades comprendan que el mundo entero es heredero del conocimiento y que no hay manera de comprender el honor, la nobleza y el respeto si estos valores no van acompañados de una transparencia hacia la gente común, el conjunto mayor que hace mover la máquina del mundo.

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